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La intuición como camino de expresión.

Actualizado: 25 jul 2020

Jackson Pollock / Escuela de Nueva York - El Mural. Otoño 1943


Quiero insistir, entonces, en que en este método no hay cabida para las terapias ni para las personas que estén buscando que les digan cómo tienen que hacer las cosas o que les resuelvan problemas psicológicos diagnosticados sospechosamente. Los oradores sin técnica podrán trabajar para liderar su palabra o bien para que sea su palabra la que les lidere a ellos (ya se argumentará más adelante) sin necesidad de acudir al psicologismo, pragmatismo o conductismo, de los cuales están hechas un porcentaje muy alto de formaciones empresariales; especialmente las relacionadas con las humanidades (ventas, rrhh, atención al cliente, comunicación, etc.). Psicologismo porque basan la enseñanza en el análisis y la corrección de las ideas personales de los alumnos, comparándolas con las conductas ideales del pasado sistema sociopolítico; pragmatismo porque imparten doctrinas a través de afirmaciones sin base científica; conductismo porque «obligan» a las personas a asumir esas doctrinas, prometiendo un éxito habitualmente partidista y que deja insatisfechas a las personas en su capacidad de pensar y decidir.


R: Hubo un tiempo en el que las formaciones se basaban en el aprendizaje en servicios, sistemas operativos, estructuras empresariales, métodos, técnicas. Los trabajadores éramos considerados como seres adultos y respetados en nuestra intimidad afectiva, intelectual, etc. y se daba por hecho que nuestra madurez iba a comprender el trabajo a realizar a través de, simplemente, la enseñanza. Hoy el ser humano es el centro de todas las formaciones, a excepción de los puestos más científicos, y la insinuación de estas formaciones es: tú eres el que tiene que tener la personalidad adecuada para ir aprendiendo por ti mismo y crear un sistema de trabajo lo bastante eficaz como para conseguir los objetivos que tú mismo te has de marcar. Nadie tiene que decirte cómo hacer las cosas, si tu nivel de competitividad y creatividad son los adecuados. Y tener ese nivel de creatividad y competitividad adecuados significa cambiar. Se nos niega una formación técnica y empresarial exigiéndonos una capacidad autoformativa (aprender y estudiar por nosotros mismos) y al tiempo ese «nosotros mismos» es modificado en nombre de una adaptación a lo que han llamado filosofías «empresariales» que nos quitan, con esta modificación, lo que podría ser la herramienta principal para la acción autodidacta. ¿Qué ha conseguido la empresa sustituyendo las formaciones técnicas por formaciones a la personalidad? ¿Es la globalización en servicios y productos lo que ha facilitado que los trabajadores puedan cambiar de una empresa a otra sin tener una necesidad inmediata de formación para comenzar el trabajo desde el primer día desde una exigencia de resultados por parte de las empresas? ¿Es real que este hecho no exige formaciones técnicas y justifica que ahora las formaciones tengan que ser enfocadas hacia la persona? Ese desconsuelo, casi

angustia, que viven los trabajadores en ese ser abandonados en las formaciones que tienen que ver con la identidad particular de las empresas es lo que las formaciones a trabajadores «curan».


Y: Ciertamente hubo un intrusismo en la psicología, psiquiatría y filosofía por parte de quienes tenían poco que aportar a la sabiduría de los trabajadores y que eran los representantes, lo supieran o no, de esas estructuras sociopolíticas de las que hablábamos. Pero también es cierto que a estas alturas las empresas han evaluado el resultado de esas formaciones «emocionales y conductistas», detectando que no solamente es falso que con ellas se venda u opere más y mejor, sino que los empleados, como bien indicas, se han hartado de que les digan cómo y cuándo tienen que hacer y pensar. El final de este psicologismo en el campo de las formaciones lo muestran análisis socio- lógicos y filosóficos de alto nivel, como en La sociedad del cansancio y Psicopolítica, los dos ensayos de Byung-Chul Han, alumno avanzado de Peter Sloterdijk (Normas para el parque humano: una respuesta a la «Carta sobre el humanismo» de Heidegger). En parte, la llegada de estos formadores alarmistas de la nueva era fue resultado del síntoma de agotamiento empresarial de algunos sectores, que no han sabido controlar las acciones necesarias para su adaptación al nuevo sistema capitalista. Por decirlo de alguna manera, la propuesta de que son las personas las que tienen que cambiar para producir más y mejor dejaba aliviada la idea de que las grandes estructuras pueden permanecer por más tiempo, sin que tengamos que armar mucho lío.


Vuestra intuición será fundamental para las improvisaciones, pero ¿qué es la intuición? ¿Cómo reconocer la acción intuitiva entre las acciones de otra índole que están funcionando al mismo tiempo? Si te haces esta pregunta es porque tu intuición ya está funcionando. Vivimos en un mundo de representaciones en donde prácticamente todo lo que tenemos que decir y hacer está ya diseñado. Todo decir o hacer tiene ya un «modo» aceptado y supuestamente «eficaz» y, aunque las empresas se quejan de la falta de creatividad de sus sistemas, lo cierto es que pocas políticas desarrollan la acción intuitiva entre sus empleados, quedando disponible esta solo para aquellos kamikazes dispuestos tanto al éxito como al fracaso, en el mismo nivel. La devoción a un éxito enmarcado en el desarrollo y los buenos resultados no ha facilitado la acción intuitiva que tanto necesitamos. Ahora que el sector empresarial ya no busca crecer sino mantenerse a través de la innovación, la intuición brilla por su ausencia. ¿Cómo recuperar ahora aquello que se veló con tanto empeño?


Habréis oído, porque además así lo anticipó hace casi ciento cincuenta años la filosofía, sobre los «nuevos valores empresariales» aunque nadie consigue descubrir cuáles son. De poco están sirviendo los discursos sobre el cambio de paradigma bajo el manto de antiguos ideales que no hacen más que desconcertar a los oyentes. ¿Qué son esos nuevos paradigmas? Nadie nos lo sabe mencionar. Si realmente existieran significaría que los modos de hacer y pensar serían tan distintos que nos veríamos en la necesidad de aprender ideas nuevas como si estuviéramos en la pubertad. La intuición, como acto de comprensión inmediata, nos llevará a ir descubriendo cuáles son esos valores que, lógicamente, no acaban de ser presentados, porque todavía no están descubiertos. ¿Será en esa epojé de la reducción fenomenológica de Husserl con la que nos la tendremos que ver, o bien ese término derridaniano de la «deconstrucción», del que hoy todo el mundo habla, y para el cual es imprescindible un oído bien afinado?


Como sabemos, uno de los problemas hacia la acción intuitiva es el error. No voy a hacer una defensa del error con toda esa palabrería respecto a que todos los aciertos van cargados de errores del pasado, ya que estamos en un momento en donde acertar o errar son palabras caducas por pertenecer a un sistema en decadencia que mide a las personas y los sistemas de un modo diametralmente opuesto a lo que nos llega. El futuro es la creatividad y un lugar donde no se piensa en acertar o errar, sino en realizar esa improvisación que se nos impone, poniéndola al servicio de la sociedad. Esta acción creativa, espontánea, no requiere, tal y como propusieron en su día los mercados de seres humanos productivos, salir de la zona de confort, sino, por fin, ser capaces de posicionarnos en ella. Un orador tiene que vivir con comodidad dentro de su inquietud de reflexión. El hecho de que estemos en momentos de cambio no tiene que significar que nos lo pongamos difícil entrando en esa angustia de creación de marca personal que se nos exigía en el pasado. Un orador, ya no «se vende» como orador. Como decíamos en alguna parte del texto, lo importante del mensaje es el mensaje mismo por muy brillante que sea vuestra exposición; que de eso también se trata. Los oyentes ya no quieren personalidades a las que seguir, sino mensajes a través de los cuales pensar por ellos mismos, los diga quien los diga. Y por eso no serán las empresas las que irán hacia sus clientes, sino todo lo contrario. Ese es el nuevo liderazgo capaz de vivir en la atracción por la atracción misma y no por sus resultados (aunque los haya).


#oratoria #comunicacion #yolandagarciamorales #intuicion #newage #creatividad

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